martes, abril 23

Rishi Sunak trata de desinflar en Belfast el sueño de una Irlanda unida | Internacional

Rishi Sunak ha dedicado muchos gestos de cariño y muchas declaraciones solemnes a los unionistas de Irlanda del Norte. Necesitaba convencerles firmemente de que su futuro dentro del Reino Unido estaba asegurado, para que levantaran finalmente dos años de bloqueo —como hicieron la semana pasada— a las instituciones de autogobierno de la región. En ese contexto, se entiende que el primer ministro haya querido pinchar de inmediato el globo de la reunificación de Irlanda, que había cobrado vuelo este fin de semana, al ocupar por primera vez en la historia los republicanos del Sinn Féin, el antaño brazo político de la organización terrorista IRA, el sillón del ministro principal del Ejecutivo autónomo norirlandés.

“Hoy es un día histórico e importante para el país, porque los políticos de Irlanda del Norte han vuelto a tomar las riendas del poder, para gobernar en nombre de la gente, como debe ser”, aseguraba Sunak, presente en la primera reunión del nuevo Gobierno de Stormont (el nombre del palacio y el castillo a las afueras de Belfast donde residen el legislativo y ejecutivo autónomos). Sentadas a su lado, le escuchaban las dos mujeres hoy al frente de las instituciones norirlandesas: Michelle O’Neill, la nueva ministra principal del Sinn Féin. Y Emma Pengelly, del Partido Unionista Democrático (DUP), la principal formación probritánica. “Nuestro nuevo acuerdo [sellado entre Downing Street y el DUP para levantar el bloqueo] va a proporcionar más fondos y competencias de las que han tenido nunca, para atender las necesidades de las familias y las empresas de Irlanda del Norte. Esa debe ser ahora la prioridad de todos. No el cambio constitucional, sino las necesidades del día a día de la gente”, ha querido recalcar Sunak.

“Hoy se trata de poner de nuevo en funcionamiento el Acuerdo de Viernes Santo, respaldado mayoritariamente en su momento a ambos lados de la isla. No es la hora de hablar de un cambio constitucional”, reafirmaba el primer ministro irlandés, Leo Varadkar. Dublín es tan garante como Londres de que funcionen el Gobierno y el Parlamento norirlandeses. Aunque el sueño de la unificación es inmensamente popular en la República de Irlanda, sus políticos arrojan siempre de inmediato un paño de agua fría a lo que sería un reto descomunal en términos sociales y económicos.

Pero el “cambio constitucional”, el tecnicismo con que unos y otros se refieren a un posible referéndum de unificación de las dos Irlandas, es difícil de esquivar. Y no solo por el hecho, que difícilmente se escapa a nadie, de que el Sinn Féin sea hoy el partido más votado al norte y al sur de la isla.

“La unidad está cada vez más cerca. Y no por la victoria del Sinn Féin, por muy merecida que sea. Eso es una visión algo simplista y una narrativa que le interesa sobre todo a ese partido”, explica a EL PAÍS Matthew O’Toole, portavoz del Partido Socialdemócrata y Laborista (SDLP, en sus siglas inglesas), durante un largo paseo por los pasillos del palacio de Stormont, después de una mañana de gran agitación.

Hay en sus palabras un aire doble de nostalgia y esperanza, porque fue ese partido, liderado por John Hume, el que inspiró una idea de consenso democrático al Acuerdo de Paz de Viernes Santo de 1998, perdida años después por el respaldo de los votantes a los extremismos republicanos y unionistas. “Si te fijas bien, no ha aumentado de manera significativa el número de personas que vota a partidos nacionalistas. Pero lo que sí hay es muchos más ciudadanos con una mente más abierta. Son esos en los que tenemos que concentrar nuestra atención. Son los que ven un Reino Unido más inestable y pobre, por culpa del Brexit. Esa pobreza se traduce aquí, en Irlanda del Norte, en menos asistencia pública y la misma inestabilidad. Y llegan a la conclusión de que es necesario algo distinto”, resume O’Toole.

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De hecho, ante la promesa de Londres, una vez que han echado de nuevo a andar las instituciones de autogobierno, de un envío inmediato de ayuda financiera por valor de más de 3.800 millones de euros, la respuesta de la ministra principal y la vice ministra principal ha sido unísona: no es suficiente para paliar los miles de sueldos congelados y servicios desatendidos en el sector público. Especialmente en la sanidad.

La unidad de Irlanda, “en una década”

El Sinn Féin aplica con éxito la misma estrategia política al norte y al sur de la isla. Habla mucho más de la crisis de la vivienda, la urgente respuesta que necesita una deteriorada sanidad pública o la necesidad de ofrecer esperanza a los jóvenes, que de su pasión republicana por el sueño de una sola Irlanda. Pero no lo ocultan, para irritación de los unionistas. “Somos perfectamente capaces de compartir la labor de Gobierno [con los unionistas, como impone el Acuerdo de Paz de Viernes Santo] y a la vez impulsar este tipo de conversaciones”, admitía O’Neill (47 años) este domingo en la BBC.

Su generación, aseguraba, puede ver la unidad de Irlanda en el plazo de una década. “Tengamos la valentía de exponer los argumentos de una y otra parte. Esa ha sido siempre la belleza del acuerdo de paz: deja en manos de la gente la decisión”, defendía la ministra principal.

El Acuerdo de Viernes Santo otorga al ministro para Irlanda del Norte (del Gobierno británico) la potestad de convocar una consulta “si en algún momento estima probable que una mayoría de los votantes está dispuesta a respaldar que Irlanda del Norte deje de ser parte del Reino Unido y forme parte de una Irlanda unida”. Votantes, se entiende, de uno y otro lado de la frontera invisible que hoy divide la isla.

El ministro Chris Heaton-Harris, que ha acompañado a Sunak en su visita, ha dejado claro que todavía está muy lejos esa “probable mayoría” de la que habla el acuerdo, y ha insistido en que la urgencia en Irlanda del Norte es hoy más social que política.

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