jueves, abril 25

El Congreso de Estados Unidos expulsa a George Santos, el republicano imputado por 23 delitos | Internacional

George Santos ha entrado en la historia parlamentaria de Estados Unidos por la puerta de los escándalos. El congresista republicano que mintió sin parar durante la campaña electoral, inventándose un currículum y una vida paralela, ha sido expulsado por la Cámara de Representantes en una votación en la que se requería una mayoría de dos tercios. Una amplia mayoría de republicanos y demócratas han coincidido en que la situación de Santos, imputado por 23 delitos graves, incluidos diversos tipos de fraude y falsedades y hasta el robo de identidad, era insostenible.

Con 311 votos a favor de su salida, 114 en contra y 2 abstenciones, Santos se convierte en el sexto miembro de la Cámara Baja expulsado por sus compañeros. La Constitución otorga expresamente a cada cámara del Congreso el poder de “castigar a sus miembros por conducta desordenada y, con la concurrencia de dos tercios, expulsar a un miembro”, algo que hasta ahora se había puesto en práctica con 15 senadores y 5 representantes, la mayoría de ellos por apoyo a la secesión y a la Confederación en la Guerra Civil. En el caso de la Cámara, desde la Guerra Civil ha habido dos expulsiones por casos sonados de corrupción, pero después de dictada sentencia.

Santos hizo el jueves llamamiento a los congresistas a quienes preocupa que se esté sentando un nuevo precedente. “Esto les perseguirá en el futuro, donde las meras alegaciones son suficientes para que los miembros sean destituidos de sus cargos cuando han sido debidamente elegidos por su pueblo en sus respectivos estados y distritos”, dijo en una rueda de prensa. Luego, en la Cámara, durante el debate sobre la propuesta, parecía resignado: “Si mañana cuando esta votación llegue al hemiciclo, está en la conciencia de todos mis colegas que creen que esto es lo correcto, entonces que se vote. Estoy en paz. He aceptado que tanto si me expulsan como si no, no puedo controlar ese destino”, dijo.

El congresista por Nueva York no quiso presentar la dimisión. “Si me voy, ellos ganan. Si me voy, ganan los matones. Esto es acoso”, dijo en la rueda de prensa. Santos había sobrevivido previamente a otras dos votaciones de expulsión, pero el informe de la Comisión de Ética de hace dos semanas concluyó que su conducta merecía una condena pública, que el congresista está por debajo de la dignidad del cargo y ha desprestigiado gravemente a la Cámara.

El informe constató la existencia de “pruebas sustanciales” de que el legislador, que representa a un distrito de Long Island y Queens, cometió a sabiendas una serie de violaciones éticas y posibles delitos. Santos utilizó fondos de la campaña para fines personales, como compras en tiendas de lujo y sitios web de contenido para adultos como OnlyFans, y luego hizo que el equipo de campaña presentara justificaciones falsas o incompletas, según el informe. Dos miembros de su equipo se habían declarado previamente culpables.

Santos había anunciado que no se presentaría en noviembre del año próximo a la reelección, pero se había negado a dimitir y aún le quedaba algo más de un año de teórico mandato. Él mismo veía venir su final. “Sé que me van a expulsar cuando esta resolución de expulsión llegue al pleno”, dijo el viernes por la noche durante una conversación en X Spaces. “He hecho las cuentas una y otra vez, y la situación no pinta muy bien”, añadió. De los 210 demócratas, 206 han votado por su expulsión, 2 en contra y 2 se han abstenido. En su propio partido, el republicano, 105 han votado echarle de la Cámara y 112 preferían no expulsarle.

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El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, dijo tener “verdaderas reservas” sobre la expulsión de Santos por el precedente que sentaría. Se declaró partidario de que los parlamentarios de su partido votasen “en conciencia”. El líder demócrata Hakeem Jeffries celebró una rueda de prensa con una enorme foto a su lado de Santos y la representante republicana Marjorie Taylor Greene, fiel escudera de Donald Trump, sentados juntos y riendo en la Cámara de Representantes. “George Santos es una distracción maligna, y esperemos que ese asunto se resuelva”, dijo Jeffries el jueves.

Elección especial

Su vacante tendrá que ser cubierta ahora en una elección especial en un distrito equilibrado entre republicanos y demócratas, en el que el representante ahora expulsado se impuso en noviembre de 2022 por un margen de ocho puntos, pero donde Biden ganó las elecciones en 2020. Bien conocido entre los círculos más ultras del partido, su elección, junto con la de otros tres correligionarios suyos en Nueva York, fue determinante para dar el control de la Cámara a los republicanos. También supuso una llamada de atención para los demócratas de Nueva York, tradicional feudo azul.

Además de inventarse buena parte de su currículum académico y profesional, Santos trufó su biografía de detalles llamativos, cuando no innecesarios. Uno en especial, que no le perdonan las verdaderas víctimas, fue alardear de una falsa herencia judía, vinculada al Holocausto por parte, supuestamente, de sus abuelos, y de una madre que escapó del 11-S, cuando ese día de 2001 su progenitora ni siquiera se hallaba en Nueva York, sino en Brasil. Se da la circunstancia de que muchos electores de su distrito son descendientes de víctimas del Holocausto, lo que llevó al periodista Andrew Silverstein a investigar sobre la veracidad de su filiación.

Silverstein sacó a la luz el fraude, antes de ser recogido a finales de diciembre por The New York Times y de que, inmediatamente, las falsedades se convirtieran en una bola de fuego política. Santos, que es abiertamente gay, enfureció también a la comunidad LGTBIQ por ocultar que había mantenido un matrimonio de conveniencia con una mujer hasta 2019.

Bajo la montaña de trolas empezaron a aparecer también sus marrullerías, como sustraer el dinero recaudado en una campaña en redes sociales para el perro moribundo de un veterano de la guerra de Irak; o haber sustraído un perro en una lechería amish. Nada glamuroso para una vida supuestamente brillante, gracias a inventarse licenciaturas de la Universidad de Nueva York y el Baruch College, así como experiencia profesional, igualmente falsa, en las importantes firmas de Wall Street Goldman Sachs y Citigroup. Dos fabulaciones que concuerdan con la imagen de un tipo víctima de “delirios de grandeza”, según la descripción que hizo de él un compañero de habitación.

A Santos le duró poco la satisfacción de haber sido elegido congresista pese a su nula experiencia política. En enero juró en el Capitolio como representante por el próspero distrito de Long Island. Aunque, cercado por las revelaciones, admitió haber engordado algunas partes de su currículo, insistió en no renunciar al acta de diputado y solo se hizo a un lado de los dos comités de la Cámara que le correspondió integrar mientras durase la investigación. Apestado en su propio partido, ha lucido ufano en su solapa la insignia que identifica a los congresistas y no ha faltado a solemnes visitas de mandatarios extranjeros a la Cámara.

La imputación inicial por un tribunal de Nueva York, en mayo, de una docena de cargos (fraude electrónico, blanqueo de dinero, sustracción de fondos públicos y declaraciones falsas a la Cámara) limitó sus movimientos a Nueva York y Washington, con obligación de pedir permiso para trasladarse, como ordenó la jueza del caso. En octubre fue imputado por más delitos, hasta un total de 23.

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